viernes, 16 de abril de 2010

Tim Burton's Vincent

Mientras trabajaba como artista conceptual, Burton encontró dos aliados en la ejecutiva de la Disney, Julie Hickson, y el director de Desarrollo Creativo, Tom Wilhite, quienes habían empezado a ver en sus dibujos un talento poco usual que, a pesar de no ser típicamente Disney, merecía estimularse. Así, en 1982, Wilhite le dio 60.000 dólares para producir Vincent, un corto de animación basado en un poema que Burton había escrito en verso al estilo de su autor infantil favorito, el doctor Seuss.

"Había escrito Vincent originalmente como un cuento infantil y al principio así pensé hacerlo. Pero entonces me dieron la oportunidad de rodarlo con muñecos animados. Quería hacer ese tipo de animación porque creía que las figuras tridimensionales tenían una gravedad que iba a añadir realismo a la historia y eso era muy importante para mí, quería que fuera más real".

Junto a su compañero de animación de la Disney Rick Heinrichs, el animador de muñecos Steven Chiodo y el cámara Victor Abdalov, Burton se encerró a trabajar durante dos meses y apareció con una película de cinco minutos. Rodada en un crudo blanco y negro al estilo de los expresionistas alemanes de los años veinte, Vincent cuenta la historia de Vincent Malloy, un niño de siete años algo perturbado que imagina que es Vincent Price. A caballo entre la realidad banal de su existencia suburbana y su mundo fantástico, Vincent se imagina en una serie de situaciones inspiradas por las películas de Vincent Price/Edgar Allan Poe, películas que habían tenido el mismo efecto en Burton de niño.

Vincent está narrada por el ídolo de juventud de Burton, Vincent Price, y marca el inicio de una amistad entre el director y el actor que duró hasta la muerte de Price en 1993.

Vincent se proyectó durante dos semanas en un cine de Los Ángeles, y antes de ser recluida en las mazmorras de Disney, cosechó varios galardones de la crítica de los festivales de Londres, Chicago y Seattle, dos premios en Chicago y el Premio de la Crítica en el Festival de Cine de Annecy, en Francia.

"Yo me sentía feliz de haberla hecho. Hacer cualquier cosa es catártico, sólo por el hecho de hacerla; así que ya estaba bien, y tenía una buena respuesta de quienes la veían. Aunque resultaba un poco raro, porque la Disney parecía encantada de haberla hecho y, al mismo tiempo, avergonzada. Creo que, simplemente, no sabían qué hacer con ella. No hay mercado para una película animada de cinco minutos".

Fuente: Tim Burton por Tim Burton - Mark Salisbury


Vincent Malloy tiene siete años
es un niño amable pero algo huraño.
Es bueno, obediente y muy educado,
pero él quiere ser como Vincent Price,
su ídolo soñado.




No le importa vivir
con su perro, su gato y su hermana,
aunque preferiría compartir casa
con murciélagos y arañas.





Allí jugaría con los horrores que ha inventado
y vagaría por los oscuros pasillos
solo y atormentado.




Cuando viene su tía
Vincent parece un cielo,
pero se imagina sumergiéndola
en cera hirviendo para su museo.






Hace experimentos con su perro:
Aber Crombie,
con el fin de crear
un horrible zombie.
Con ese espectro
terrorífico para los hombres
buscaría sus víctimas
por la niebla de Londres.

Pero él no sólo piensa
en crímenes violentos,
Vincent pinta
y de vez en cuando lee cuentos.
Mientras otros niños
leen tebeos de acción
a Vincent es Edgar Allan Poe
quien llama su atención.

Una noche, cuando leía
una historia horripilante,
algo le hizo palidecer al instante.
Con tamaño disgusto
su vida quedó derrumbada,
pues su bella esposa
viva fue enterrada.


Debía cerciorarse
de que había muerto,
e intentando desenterrarla
destrozó las flores del huerto.





Su madre lo envió a su cuarto
como castigo.
Desterrado en sus sueños
a la torre del olvido.
Sentenciado a pasar el resto de su vida
con el retrato de su amada,
que fue enterrada viva.


Y mientras lloraba,
sumido en la desesperación,
apareció su madre en la habitación.
Le dijo: "Si quieres, puedes salir a jugar.
Hace un día estupendo,
lo puedes aprovechar".

Vincent trató de hablar,
pero no pudo...
Los años de aislamiento
lo volvieron casi mudo.





Así que cogió su pluma
y se puso a escribir:
"Estoy poseído por esta casa
nunca volveré a salir".





Su madre le contestó:
"¡Ni estás poseído,
ni estás medio muerto!
¡Este juego tuyo es sólo un invento!
¡Eres Vincent Malloy!
¡No eres Vincent Price!
¡Y no estás loco ni atormentado, Caray!
¡Tienes siete años y eres mi hijo!
¡Vete a jugar con otros niños!
¡Te lo exijo!"
Y tras este toque de atención
abandonó la habitación.
Pero cuando Vincent
trató de sobreponerse
las paredes empezaron a moverse.
Crujían, temblaban,
y su horrible locura
la cima alcanzaba.



Vio a Aber Crombie
su terrible esclavo,
y su mujer lo llamaba
desde el otro lado.
De la tumba nacían sus ecos
y de las paredes surgían
manos de esqueletos.


Todas las desgracias
que sus sueños atormentaban
entraron en su vida
mientras él gritaba.





Trató de escapar,
de huír del horror,
pero su mustio cuerpo
se derrumbó por el dolor.





Y débilmente, casi sin voz,
recitó "El Cuervo", de Edgar Allan Poe:
"Y mi alma, esa sombra
que allí flota fantasmal
no se alzará
nunca más..."


video

Vincent en castellano

video
Vincent en versión original, con Vincent Price como narrador

lunes, 5 de abril de 2010

La Novia Muerta

En el siglo XIX el antisemitismo se extendía por toda Europa Occidental, incluída Rusia. Ocurría de vez en cuando que las bandas antisemitas abordaban a los grupos de judíos que se dirigían a una boda. Por ser la novia la que tenía que traer al mundo a las nuevas generaciones, la sacaban del carruaje y la mataban, enterrándola todavía con su traje de novia. Estos hechos reales dieron origen a algunas leyendas, entre ellas la de la novia muerta.

El conocido director de cine Tim Burton basó su película "La novia cadáver" en esta leyenda judía, escrita en Rusia en el siglo XIX.
Había una vez un joven que vivía en un pequeño pueblo de Rusia. Él y un amigo se disponían a hacer un viaje de dos días de camino hacia el lugar donde vivía su prometida.

La primera noche, los dos amigos decidieron acampar a la orilla de un río. El joven que iba a casarse vislumbró en el suelo un extraño palo con el aspecto del hueso de un dedo. Él y su amigo empezaron a bromear sobre el hueso que asomaba del suelo. El joven novio tomó del bolsillo su dorado anillo de bodas y se lo puso al extraño palo. Entonces empezó la danza ritual de bodas: dio tres vueltas alrededor del palo con la alianza, cantó la canción judía de bodas y recitó completo el sacramento matrimonial mientras bailaba. Los dos amigos estuvieron riendo todo el rato.

La risa y el jolgorio desaparecieron pronto. La tierra tembló y se estremeció bajo sus pies. En el lugar donde estaba el palo se había abierto una gran brecha y un desaliñado cadáver, un muerto viviente, salió de debajo de la tierra. Había sido una novia, pero ahora no era más que unos cuantos huesos unidos por jirones de piel. La novia muerta todavía llevaba su blanco vestido de seda, pero todo desgarrado y harapiento. Gusanos y telarañas colgaban de lo que una vez había sido el canesú de perlas y el andrajoso velo.

Los dos jóvenes quedaron horrorizados. Ella empezó a hablar...

- Has bailado la danza de bodas y pronunciado los votos del matrimonio. Me has puesto un anillo en el dedo. Ahora somos marido y mujer, y reclamo mis derechos como tu prometida.

Temblando de miedo por las palabras de la novia muerta, los dos jóvenes huyeron hacia el pueblo donde esperaba la joven novia que se iba a casar. Fueron directos a visitar al rabino.

- Rabino - preguntó sin aliento el joven - tengo una pregunta muy importante que hacerle. Si por alguna razón uno anda por el bosque y se encuentra un palo que parece un hueso de un dedo sobresaliendo del suelo y sucede que pone un anillo de bodas en el dedo y hace la danza de bodas y pronuncia los votos del matrimonio, ¿se ha producido en verdad un matrimonio?

Condundido, el rabino preguntó:

- ¿Sabes de alguien a quien le haya ocurrido esto?

- ¡Oh, no, no! ¡Claro que no! Es una pregunta hipotética.

Mesándose ampliamente la barba, el rabino contestó:

- Déjame pensarlo.

En ese momento, una gran ráfaga de viento abrió la puerta y a través de ella entró la novia muerta.

- Aquí y ahora afirmo que este hombre es mi esposo, él ha puesto una alianza en mi dedo y ha pronunciado los solemnes votos de matrimonio. - Dijo mientras su huesudo dedo resonaba como bolsa de canicas al tocar a su pretendido novio.

- Esto es un problema muy serio. He de consultarlo con los demás rabinos. - Dijo el rabino.

Los rabinos de los pueblos vecinos se reunieron presto y se unieron en congreso mientras los dos jóvenes esperaban su decisión con gran ansiedad.

La novia muerta esperaba en el pórtico dando golpes con su pie y diciendo:

- Quiero celebrar cuanto antes la noche de bodas con mi esposo.

Estas palabras erizaron todosy cada uno de los vellos del joven.

Mientras los rabinos estaban en reunión, la auténtica novia llegó y quiso saber qué ocurría. Cuando su prometido le contó todo lo que había ocurrido, ella estalló en sollozos.

- ¡Mi vida está arruinada! ¡Mis esperanzas y mis sueños despedazados! ¡Ya no me casaré nunca! ¡Ya nunca tendré una familia!

En ese momento llegaron los rabinos y esto es lo que preguntaron:

- ¿En verdad pusiste un anillo en el dedo del cadáver de la mujer? ¿En verdad danzaste a su alrededor tres veces y pronunciaste los sagrados votos del matrimonio en su totalidad?

Los dos jóvenes, encogidos en una esquina, asintieron con su cabeza. Con grave gesto los rabinos volvieron a encerrarse para proseguir con su reunión. La joven novia derramó amargas lágrimas, mientras la novia muerta se relamía ante la perspectiva de la largamente esperada noche de bodas.

Poco después, los rabinos salieron solemnemente, y, tomando sus asientos, anunciaron:

- Como pusiste el anillo en el dedo de la novia muerta y danzaste a su alrededor tres veces recitando los votos del matrimonio, nuestr adeterminación es que estosh echos constituyen un matrimono. En cualquier caso, también hemos decidido que ningún muerto tiene poder de reclamación sobre los vivos.

Sollozos y murmullos seo yeron desde todos los rincones. La joven novia se encontraba especialmente aliviada. En cambio, la novia muerta clamaba:

- ¡He perdido la oportunidad de mi vida! ¡Ya nunca cumpliré mis sueños! ¡Ya todo está perdido! - y se derrumbó en el suelo. La escena era conmovedora; un montón de huesos entre los restos de un vestido de novia, tirados, sin vida.

La joven novia se sintió invadida por una oleada de compasión por la novia muerta y se agachó para recoger el montón de huesos, colocando con extremo cuidado los jirones de fina seda y sosteniéndolo todo con fuerza, cantó medio murmurando, como su fuera un bebé:

- No te aflijas. Yo viviré tus sueños, yo viviré tus esperanzas y tendré niños por ti. Tendré suficientes niños para las dos y podrás descansar en paz sabiendo que nuestros hijos y nuestros nietos y biznietos estarán bien cuidados y nunca nos olvidarán.

Tiernamente cerró los ojos de la novia muerta. La sostuvo en sus brazos, y con cuidado y a paso lento, bajó hasta el río con su frágil carga. A la orilla del río cavó una tumba, y allí la dejó con uss huesudos brazos cruzados sobre su cvaja torácica, juntando una mano sobre la otra, todavía con el anillo puesto en el dedo, y envolviéndola con el vestido de novia.

- Aquí descanses en paz - susurró - viviré tus sueños, no te aflijas, y nunca te olvidaremos.

La novia muerta se veía feliz y en paz en su nueva sepultura, porque de algún modos abía que a través de la joven novia sus deseos se verían cumplidos. La joven novia la fue cubriendo con tuerra; lentamente cubrió el cadáver y el vestido hasta que quedó completamente enterradoa. Finalmente colocó por encima algunas flores silvestres y puso piedras a su alrededor.

La joven novia volvió con su prometido y se casaron en una solemne ceremonia. Vivieron juntos muchos y muy felices años. Y la historia de la novia muerta les fue contada a todos sus hijos, nietos y biznietos, y de este modo nunca la olvidaron, del mismo modo que nunca olvidaron la sabiduría y la compasión que de ella habían aprendido.